Llevo meses, e incluso años pensando en cómo podrían diferenciarse las empresas del sector turístico para huir del factor precio, y más en concreto del escenario de los océanos rojos.
Ahora que tengo una visión más objetiva del sector turístico desde mi posición de consultor, y ayudando a las empresas en la parte de investigación y desarrollo de negocio, la luz está más cerca y las claves más claras.
Estamos disfrutando de unas cifras del sector envidiables, desde la década de los años 60 cuando inventamos el modelo sol y playa. Incluso en el año 2011 hay un espíritu de euforia ante las cifras récord, que, coyunturalmente brillan aunque esconden muchas sombras que debemos desenmascarar y afrontar.
En una industria de commodities que hemos creado entre todos, soy de los que pienso que la diferencia está en la tecnología y en el talento. En uno de mis recientes artículos publicaba la siguiente recomendación, de la que cada día estoy más convencido:
Evalúe su valor diferencial, ofrézcalo, muéstrelo y luego cobre por ello. Y más tarde planifique sus finanzas de acuerdo a esta fórmula: Resultados= Hueco de mercado disponible x Valor diferencial x Credibilidad y halle el valor diferencial en base a esta otra fórmula: Valor diferencial = Talento elevado a la tecnología.
La próxima década es una etapa de transición hacia una nueva era en el mundo del turismo, y sólo aquellas empresas que escuchen al cliente, y sepan ponerlo en el centro de su estrategia serán capaces de sobrevivir al año 2020. En ese año sólo existirán un tercio de las empresas actuales tal y como las entendemos hoy, las que se guíen por la intuición agonizarán y las que observen el mercado y tomen sus decisiones a través de una investigación científica y rigurosa saldrán adelante.
“La única vía para que las empresas tengan éxito es incorporar la tecnología a todos sus procesos y capacitar a sus empleados para un servicio al cliente excelente y único”.