Periódicamente nos acercamos a los últimos estudios relativos a la Transformación Digital, y no es algo fruto del azar o del capricho. Este binomio, que se lleva utilizando de forma habitual en los últimos años, toma cada vez más la forma definitiva de un pasaporte hacia el futuro. Quien no sea capaz de pasar por el proceso, o se niegue a hacerlo, tiene un único destino: una supervivencia cada vez más difícil hasta su total desaparición. El objetivo actual de las empresas con mayor potencia no es liderar el mercado, es ser líderes digitales.

Esa es una realidad que suscriben al menos 4 de cada 5 directivos y empleados de nivel C en una reciente encuesta elaborada por la empresa especializada en cloud computing y seguridad Masergy. Para el 78% de esos encuestados, la Transformación Digital es literalmente “necesaria para la supervivencia”. Hasta hace bien poco la respuesta habitual era “necesaria para estar al día”. Hoy ya no. Hoy es una cuestión de vida o muerte.

Por eso uno de los mayores cambios que se están detectando es el enfoque relativo al retorno de la inversión (ROI), que tantas veces se ha esgrimido como motivo (o como excusa) para no embarcarse en el proceso. También aquí las tornas han cambiado y hoy son 3 de cada 5 responsables de decisiones en las empresas los que asumen, conocen o incluso apuestan por un ROI  a medio y largo plazo. Y sobre todo un retorno más estratégico que táctico. Aun así, deja a casi la mitad (39%) todavía buscando obtener un reembolso inmediato o rápido de sus inversiones en Transformación Digital.

Y esto, el retorno ya, ahora, hoy, es un enfoque incorrecto, al menos según los datos de este estudio. La Transformación Digital es un cambio cultural basado en el liderazgo sostenido a largo plazo, no una acción single-shot de la que quepa esperar un éxito rápido.

Otro de los aspectos más llamativos de esta encuesta es el relativo a los beneficios que se espera obtener con la Transformación Digital. Llamativo al menos para nosotros, dado que la primera respuesta ofrecida tiene mucho que ver con uno de los campos de mayor expertise de BRAINTRUST: la Experiencia de Cliente. Desde 2018, la Experiencia de Cliente ha superado al precio y a todos los factores decisivos de compra en la diferenciación de marcas, por lo que es normal que se sitúe como una prioridad de todos los ejecutivos, en cualquiera que sea la actividad que emprendan, y especialmente en aquellas íntimamente relacionadas como es el caso de la Experiencia de Cliente. Le siguen otros tres beneficios que prácticamente empatan entre ellos: seguir siendo competitivos; racionalizar los procesos de negocio; y habilitar nuevos modelos de negocio.

Junto a las proyecciones a  largo plazo del retorno de la inversión, llama la atención que el ahorro de costes han bajado posiciones en esa lista de beneficios. Tanto los directivos de primer nivel como los responsables de IT consideran que priorizar el ahorro en esta materia genera una visión de “estancamiento” del negocio, en lugar de su impulso. La Transformación Digital seguramente generará ahorro de costes a las compañías que la aborden, pero ese ya no es el motivo principal por el que se emprende el camino.

Yendo a áreas concretas de actuación, y limitando estos procesos a la parte puramente tecnológica, las principales inversiones se dirigen a la nube, a la seguridad y al análisis; de media, ocupan cada una de ellas un tercio de las principales inversiones en tecnología, seguidas por la movilidad, las comunicaciones unificadas, y las tecnologías emergentes como el Internet de las Cosas (IoT) o la Realidad Virtual (RV).

Son inversiones lógicas si visualizamos correctamente dónde se concentran los principales dolores de las empresas. Mientras que la migración a la nube (37% medio de las inversiones) permite mejoras rápidas en infraestructuras y aplicaciones, la seguridad (35%) es fundamental de cara a afrontar problemas legales y reputacionales. Por otro lado, el análisis de datos y la Inteligencia Artificial (AI) son vectores para encontrar información relevante para la toma de decisiones, toda vez que el volumen de información es tan amplio que el uso de algoritmos se ha vuelto prácticamente obligatorio.

En cuanto a los principales obstáculos para los procesos de Transformación Digital, las respuestas siguen la línea de lo ya conocido en años anteriores: las asignaciones presupuestarias y la falta de apoyo desde la dirección. Todo ello, a pesar de que como hemos visto líneas arriba cada vez existe mayor conciencia en torno a la necesidad de afrontar los cambios e instalarlos en la dinámica de las empresas. En este sentido, solo cabe apuntar que una cosa es saber que se deben realizar ciertos procesos, y otra bien distinta es el sentido que se les debe dar en un escenario de competitividad creciente.

Además, a ello se suman la falta de habilidades digitales y la creciente desconfianza respecto a los tradicionales proveedores de servicios. En cuanto a lo primero, no llegan a 4 de cada 10 encuestados (39%) quienes consideran que el talento se encuentra dentro de la empresa. En cuanto a lo segundo, casi 6 de cada 10 (57%) declara abiertamente que prefiere proveedores más pequeños, puesto que son más ágiles. Y si hablamos de transformarse, cuando el mercado lleva tiempo en ello, quienes no hayan dado los pasos adecuados necesitan, sobre todo, rapidez.

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